Muchas son las cosas en nuestro camino scout que nos llenan de orgullo y que, sin lugar a dudas, son el combustible para que nuestro motor siga funcionando.

Esas cosas, no son tangibles, ni medibles, no por lo menos con las ecuaciones a las que el mundo nos tiene acostumbrados.

¿Cómo se mide la sonrisa de vuestros hijos? Anoche en algunas fotos parecía que se les iba a salir la sonrisa de la cara.

¿Cómo se cuantifica un abrazo dado con el corazón? ¿Y la felicidad ante cada uno de los retos que, poco a poco, vuestros hijos van superando en su caminar scout? Y tantas, y tantas cosas…

Por supuesto, la mayoría de estos fugaces y maravillosos momentos, los vivimos en la intimidad de nuestras actividades y campamentos.

Como decía anoche Eugenio, esa es nuestra recompensa y nuestro premio. ¡qué premio más humilde! ¡qué premio más grande!

Y casi siempre, esos premios los recibimos de vuestros hijos, a su forma, que suele ser la mejor de las formas pero, que a nosotros, nos basta para sentir que hemos elegido el buen camino y nos reconfortan el alma.

En ocasiones, también vosotros nos habéis, mostrado vuestra gratitud pero, ¿quién podría imaginar lo que sucedió anoche? ¡Vaya regalo! Como dice nuestra hermanita Sol Miriam, ¡vaya abrazo de amor!

La verdadera sorpresa consistió en descubrir que no estamos solos. Hay un cuento precioso, que tiene como moraleja que los padres son la forma en la que Dios cuida de los hijos. ¡Ya sabemos cómo Dios cuida de nosotros! Y eso, queridas familias, lleva implícito un mensaje de esperanza de dimensiones infinitas. Dios está dispuesto, si le dejamos, a que cuidemos unos de otros. Su amor puesto en cada uno de nosotros y el nuestro puesto en cada uno de nuestros hermanos. El fuerte protege al débil, decimos nosotros. ¿Qué dificultad no seremos capaces de derrumbar si la afrontamos juntos?

Alguno de nosotros somos de imaginación fácil. Y anoche, fue muy sencillo imaginar, al descubrir que hay más locos sueltos como nosotros por ahí (bendita locura), que todos asumimos la misión de educar y educarnos para transformar este mundo. Y fue sencillo soñar cuántas cosas podríamos hacer.

Nelson Mandela decia, «La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Educación pero desde el amor. Siguiendo a Jesucristo. Esa es la esencia del escultismo católico. Y para eso, todas las manos y todos los corazones, son pocos.

Especialmente emotivas fueron las palabras de Jesús y Virginia primero, y de Pabló y Jesús después (una familia que empieza y termina con Jesús, ¡qué maravilla!).

Cuando daban las gracias por nosotros, por nuestro trabajo, por nuestros sacrificios… cada uno de nosotros pensaba para sí mismo lo pequeños que somos en realidad, lo frágiles y débiles que somos… ¿cómo pueden vernos así?

Queridas familias, rezad por nosotros, y cuidadnos. El mundo, el combate diario, es fuerte y astuto, y en ocasiones, en muchas ocasiones, nos fallan las fuerzas.

Gracias por mostrarnos vuestro cariño y vuestro reconocimiento. Ojala el milagro de anoche, sólo sea el principio. Nosotros rezaremos para que así sea.

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